Un vuelo con turbulencia

Normalmente en los vuelos duermo o dormito, y nada indicaba que este vuelo sería diferente. A mi izquierda estaba el pasillo y a mi derecha dos butacas vacías.
Por la ventanilla se observaba un lejano horizonte rojizo, mientras las luces del aeropuerto se iban prendiendo para detener la sombras de la noche ya muy avanzadas.

Ella apareció en la puerta del avión mirando hacia un lado y otro, de inmediato la azafata tomó su ticket y la trajo hacia mí. Permiso... dijo la azafata, Hola! dijo ella, -hola murmuré- y se acomodó en el asiento junto a la ventanilla, al pasar me rozó con sus piernas y me invadió un aroma fresco y exquisito, inmediatamente se prendieron todas las alarmas en mi cerebro, y fue necesario un esfuerzo para calmarme.

Ni bien se retiró la azafata, replegó el pozabrazos de manera que se unieran los dos asientos y mientras lo hizo me regaló una enorme sonrisa, las hondas de sus cabellos se acentuaban al estar todavía mojado, despidiendo el característico olorcito del shampoo.
Se trataba de una trigueña de unos 22 años, con un cortito top blanco de hilo tejido y un jean de tiro muy pero muy corto.
Tengo 34 años, soy soltero, vivo en la Capital, pero soy Ingeniero Agrónomo de profesión y tengo a mi cargo la administración de un campo en el norte del país, por lo que viajo a menudo en avión.

Los vuelos, en condiciones normales duran 50 minutos, y ya estoy habituado a ellos.
Por un lado mi experiencia y la razón permitían que me mantuviera indiferente ante los embates de los sentidos, pero por otro lado hacía 20 días que lo único que veía eran vacas y plantaciones, se impuso la razón y cuando apareció el mensaje de ajustarse los cinturones ya estaba tranquilo y casi había olvidado a mi compañera de viaje.
Ella se movía nerviosa mirando a un lado y otro, observando por la ventanilla como aumentaba la velocidad con el carreteo del avión, cuando finalmente despegó del piso y tomó el ángulo de ascenso sus manos se aferraron al asiento y sus grandes ojos se fijaron en el cartel de aviso, por primera vez estuvo quieta en su asiento, el clásico "ding" precedió a las indicaciones de vuelo normal y recién entonces pude notar que se relajó, inmediatamente se desprendió el cinturón, y se acercó al asiento de mi lado, y tomándome el brazo me dijo, tengo terror de volar, sobretodo en el ascenso.

El vuelo no tenía servicio de cena, y las luces de la cabina se atenuaron para facilitar el descanso de los pasajeros, que como yo seguramente habían tenido una jornada agotadora. Con voz serena y tranquilizadora le dije que ya estábamos a la altura necesaria y que todo estaba normal y sin problemas.
Asumí el papel de hermano mayor al pensar que en realidad no existía ninguna insinuación y que todo se trataba de un clásico caso de pánico al vuelo en avión. Inmediatamente mis hormonas volvieron a su cauce y retomé mi habitual aplomo e indiferencia.
Por esta razón su actitud me tomó totalmente desprevenido, había bajado mis defensas y estaba relajado cuando de pronto y sin mediar palabra sentí su lengua entrando en mi boca y sus labios pulposos y jugosos besándome con una pasión descontrolada.

Tomó mi mano, rodeándome la muñeca y la deslizó bajo el top, inmediatamente palpé la suavidad de la piel de su seno desnudo y tibio que parecía vibrar de emoción.
Deslicé mis dedos hasta llegar a su pezón que por la turgencia estaba duro como un botón, contrastando con la suave piel de su pecho, mientras su boca alternaba la succión con mordiscos ansiosos y lamiditas cortitas, era totalmente imposible no responder a esa tormenta de estímulos y tuve una erección tan grande que producía dolor por el apretado jean.

Ella se dio cuenta y comenzó a desabrocharme el jean, miré rápidamente alrededor al otro lado del pasillo no había nadie y adelante una señora de edad parecía dormitar, atrás no pude fijarme, pero rogué que no hubiera nadie o al menos que no se viera nada, en un ágil movimiento levantó el pozabrazos de mi asiento y se cruzó sobre los otros dos, mi pene tan henchido, a punto de reventar por la erección no podía salir de la prisión del slip y el jean, tuve que levantar las caderas para bajar el slip y así liberar toda su urgencia por espacio, ella se abalanzó y literalmente se lo tragó, sentía como el extremo de mi pene rozaba su laringe y la ahogaba, aún así lo mordía suavemente por unos instantes y de allí deslizaba su boca hacia arriba hasta que sus dientes se trababan con la base de la cabeza, en ese punto jugaba con su lengua unos segundos y luego lo volvía a tragar hasta afixiarse y repetía el juego.

Todo pasaba tan rápido y las sensaciones eran tan intensas que por un momento perdí la noción de espacio y tiempo, en ese momento pasó su lengua por mi oreja y me susurró, sígueme por favor, caminando por el pasillo con total seguridad se dirigió a los baños, lentamente arreglé mi ropa, y observé el resto de la cabina en penumbras, aparentemente, nadie se percató de lo pasado, me incorporé y fui hasta el área de baños, de pronto se abrió una puerta y con un tironcito me introdujo en el baño de damas.

Me besó en la boca mientras desabrochaba nuevamente el jean, no abrazamos en la estrechez del recinto y nos acariciamos intensamente, bajó la tapa del inodoro me senté deslizandome hacia adelante hasta alcanzar el borde de la tabla, ella que se había quitado el pantalón y la tanga, buscó la penetración profunda, montándose sobre mí, rodeando con sus piernas mi cintura, obligándome a levantar la pelvis.

Su vagina, suave húmeda y gloriosamente cálida parecía contraerse de placer, mientras ella apenas se movía con unos movimientos circulares, friccionando la parte superior de la vagina contra el tronco duro del pene.
Cada vez que retrocedía acercando su cara a la mía emitía un gemido de placer, el ritmo fue aumentando hasta que se irguió y empezó a retorcerse, de pronto con todo mi pene dentro de su vagina se hechó hacia atrás y lo único que se sentía era el zumbido de las turbinas y la vibración del avión, yo no quería parar, me estaba volviendo loco, la tomé de las caderas y la moví hacia adelante, inmediatamente pareció volver a la vida, se incorporó y comenzó nuevamente con los movimientos circulares y las corriditas hacia atrás, enseguida cambió y sus movimientos se limitaron de atrás hacia adelante, así deslizaba el pene dentro y fuera de la vagina, a cada rato tenía como espasmos, yo ya estaba en la estratosfera, lo único que existía a mi alrededor era el avance inminente e imparable de la eyaculación.

Sentía que quemaba todo mi interior como un ácido hirviendo que bajaba implacable hacia el pene con una presión explosiva. Así terminé, enajenado, en trance.

Recién entonces sentí el caño que presionaba mis cervicales y el temblor de las rodillas dobladas y soportando el peso de los movimientos. Nos recompusimos un poco y volvimos a los asientos con aire de distraídos.
Dormitamos juntos el resto del vuelo, cuando se encendieron las luces, nos ajustamos los cinturones, ella me volvió a regalar una de sus super sonrisas y me hizo un guiño cómplice.
Aterrizamos y en la estación nos despedimos a la distancia, con una sonrisa y un gesto con la mano.
Todavía sonriendo, pensé para mis adentros que jamás tuve ni tendré un vuelo con tanta turbulencia como éste.